Ergódico es un término que se predica de fenómenos en que cabe trasponer sus dimensiones espacial y temporal. Por ejemplo, si todos pasan el 0.5% de su vida con catarro, el 0.5% de la población estaría acatarrada en un momento (suponiendo que dicho mal es ergódico). No todos lo son: si las penas de encarcelamiento fuesen ergódicas y el 0.1% de la población estuviese en prisión, uno podría esperar pasar casi nueve horas al año en el talego.

Escasean los fenómenos claramente ergódicos. Pero es un concepto sugerente. La idea de la trasposición espacio-temporal puede utilizarse para realizar un experimento imaginario (aunque —lo concede el autor— no particularmente original). Se trata del análisis de lo que resultaría de trasponer al espacio la dimensión temporal —con su azarosa alternancia de gustos y colores— de la vida política en la forma que ha adquirido en nuestras épocas y lugares.

Qué duda cabe de que el voto, ejercido con los pies y con cierto coste, estaría mucho más estudiado y sería mucho más significativo para quien lo ejerciera e informativo para quien lo observara que el que estamos aburridos de realizar en el otro eje.