Buena parte del debate público evalúa las políticas por sus intenciones declaradas en lugar de por sus resultados efectivos. Una política puede estar bien motivada —proteger al inquilino, al trabajador, al medio ambiente, al idioma— y aun así dañar precisamente a quienes pretende proteger. Juzgarla por sus motivos en vez de por sus efectos es la trampa que el «concepto BIMR» —acrónimo del título de la entrada— denuncia.
El patrón BIMR emerge como consecuencia de mecanismos bien conocidos y estudiados: ignorar los efectos dinámicos (la oferta se retrae, la actividad se desplaza), concentrar beneficios visibles y dispersar costes invisibles, capturar la regulación en favor del incumbente o moralizar conductas (reciclar, comprar local) en vez de medir costes y beneficios.
El BIMR opera dentro de un espectro. Por un lado está el BIMR puro: medidas que fracasan por su propia naturaleza. Dañan precisamente a quienes querían proteger. La valoración neta final es claramente negativa y la etiqueta BIMR le está bien adjudicada. Puede haber, no obstante, buenas ideas con efectos colaterales negativos, medidas que acierta en lo general pero que fallan en algunos casos particulares. Es prácticamente imposible que un principio general no conlleve ese tipo de problemas.
A lo largo de la historia de este blog, se han publicado muchas entradas más o menos directamente relacionadas con el BIMR. Por ejemplo:
- ¿Reciclar en Madrid? El análisis coste beneficio.. Sobre la moralización del reciclaje: el análisis coste-beneficio es negativo para el papel, el vidrio y buena parte del plástico.
- Las subvenciones: el modelo. Una subvención nace para ayudar a un sector y termina controlada por unos rentistas que no crean valor.
- ¿Por qué la regulación favorece sistemáticamente al “incumbente”?. Regular «para proteger al consumidor» termina protegiendo al que ya está sentado a la mesa y excluyendo a su potencial competencia.
- GDPR vivida, sobre la distancia entre el preámbulo optimista de la ley de privacidad y sus efectos vividos.
- ¿A quién beneficia realmente la regulación de la IA?. Pedir una regulación asfixiante «por miedo a la IA» beneficia sobre todo a Google, Amazon y Microsoft.
- Lo que tienen en común las tarifas de Trump y la manía por no incrementar la oferta de vivienda en casi todas partes.
- La paradoja de la escasez de vivienda: el caso de Portugal.
- Las nuevas «manos muertas»: De la desamortización del XIX al bloqueo de la vivienda en el Pirineo. La vivienda protegida inalienable reproduce la figura histórica de las manos muertas: patrimonio inmovilizado fuera del mercado que termina bloqueando el acceso que pretendía garantizar.
- ¿Soberanía tecnológica? Sobre el desarrollo de LLMs «nacionales», que suena a Estado previsor pero que se convierte en un dispendio sin usuarios.
- Oferta vs abundancia vs asequibilidad. El movimiento de la «asequibilidad» busca abaratar taumatúrgicamente los bienes ignorando los efectos dinámicos de fijar precios.