Scott Alexander tiene una entrada clásica (2014) en la que argumenta que «las categorías fueron hechas para el hombre, no el hombre para las categorías». ChatGPT la resume así:

Las categorías son instrumentos conceptuales creados para satisfacer necesidades humanas, no entidades naturales a las que debamos someternos. Las clasificaciones no siempre tienen fronteras objetivas y precisas: podemos agrupar las cosas de distintas maneras según nuestros propósitos. Por tanto, cuando discutimos si algo «es realmente» un miembro de determinada categoría, a menudo estamos planteando mal la cuestión. Lo relevante es preguntarnos para qué utilizamos esa categoría y qué consecuencias prácticas tiene incluir o excluir algo de ella.

Alexander ilustra su argumento con ejemplos como la clasificación de las ballenas como peces o la controversia sobre si Plutón es un planeta. Su aplicación principal, sin embargo, es la identidad de género: sostiene que reconocer a las personas trans conforme a su identidad no exige negar ningún hecho biológico, sino adoptar una clasificación que puede resultar más útil y humana. Esto no significa que todas las definiciones sean igualmente buenas: deben evaluarse por su utilidad, su coherencia, su capacidad para comunicar información y sus consecuencias. Lo fundamental es distinguir entre los hechos empíricos y las convenciones con las que los organizamos.

El texto es largo y algo ambiguo. Admite muchas lecturas y ofrece la posibilidad de retirada a varias motas castrales. Pero su interpretación más directa es seudo-post-modernista: nosotros decidimos las categorías y cualquier relación de ellas con la realidad está supeditada a nuestros intereses particulares.

Podría establecerse un continuo que uniese las siguientes dos posiciones extremas:

  • Las categorías representan la realidad física de las cosas.
  • Las categorías son construcciones humanas y somos dueños de modificarlas a nuestro antojo.

En dicho espectro, Alexander se encontraría más cerca de la segunda que de la primera posición. Pero si hablo de este asunto en un blog que se llama como este, es, evidentemente, porque quiero hacer constar mi posición.

Clasificar es una forma de hacer ciencia. Toda clasificación está teñida de teoría científica (o seudocientífica). Las teorías científicas se evalúan de muchas maneras, pero un criterio particularmente útil es el que se basa en los siguientes principios:

  • Parsimonia.
  • Coherencia con los datos experimentales.
  • Fecundidad (¿abre la puerta a otros descubrimientos?).

Hay muchas maneras de entender el adjetivo útil cuando se refiere a las categorías. La que propongo es una parecida pero no exactamente igual a la de Alexander. Podría decirse, hablando mal y pronto, que la suya está más «ceñida a las personas» mientras que la mía está más «ceñida al mundo». O más bien, que trata de ser útil a las personas representando el mundo de la manera más fiel posible.

Lo anterior no resuelve el debate, obviamente, pero aporta material para, espero, hacerlo más fructífero.