El otro día, Nicholas Decker criticaba el uso (obligatorio) del cereal para fabricar biocombustibles en EEUU. Ahora, The Economist aplaude la industria de los biocombustibles en Brasil, que permite al país aislarse de las crisis energéticas. La diferencia fundamental radica en la distinta eficiencia de la materia prima de estos biocombustibles, muy favorable para la caña de azúcar de Brasil —unas cinco o seis veces más— con respecto al maíz en muchas otras partes.
Se está publicando mucho y de repente sobre el estancamiento económico de Canadá (véase esto o esto) cuyo crecimiento del PIB per cápita es muy inferior al de otros países de la OCDE. Se esgrimen varias causas: desde la baja inversión empresarial o la falta de mesura fiscal hasta una política migratoria que ha favorecido la mano de obra barata en detrimento de la productividad. Aunque tiene sentido plantearse si el PIB per cápita agregado es un indicador adecuado para países con un flujo elevado de inmigrantes. ¿No sería más adecuado fijarse en la situación de los nativos e inmigrantes antes y después por separado?
Hace un tiempo escribí sobre el potencial efecto beneficioso de los vehículos autónomos en el tráfico rodado. Y creo que no fue la única vez. Es previsible que esta tecnología acabe teniendo un impacto sobre el urbanismo, igual que lo hizo la de los coches tradicionales. Pero ahora, Works in Progress advierte que este pudiera ser negativo dado que estos nuevos vehículos eliminan las restricciones de tiempo y coste que supone conducir actualmente. Es decir, que habría más coches circulando en un momento dado en unas calles que dan para lo que dan. De modo que, para evitar esta «tragedia de los comunes», propone nada menos que crear un impuesto específico por km para coches sin conductor que contribuya a mitigar la demanda.
Recojo este ensayo «clásico» sobre el modelo de negocio del capital riesgo hace ya unos años, justo ahora que parece haber entrado en crisis.
El otro día escribí sobre los mercados de predicciones (desde la óptica del uso de información privilegiada) y aquí van tres enlaces adicionales al respecto:
- Matthew Yglesias critica la normalización de las apuestas deportivas y advierte sobre los peligros sociales de la proliferación de aplicaciones de juego potencialmente adictivas. Como consecuencia, aboga por políticas que diferencien claramente entre aquellos mercados de predicciones útiles para agregar información y las apuestas deportivas convencionales, que parecen haberse convertido en las más populares (y rentables) para estas plataformas.
- Un análisis reciente examina las limitaciones actuales de los mercados de predicción como Kalshi y Polymarket para convertirse en genuinas «máquinas de la verdad», haciendo hincapié en problemas como la falta de liquidez y la fragmentación.
- The Economist discute también el asunto de la información privilegiada en estos mercados, defendiendo una postura similar a la que expresé hace unos días.
- Finalmente, Matt Levine detalla los primeros casos importantes de sanciones por estas prácticas. Parece que los reguladores tienen opiniones distintas a las mías (y, cómo no, de corte más intervencionista).