Dos artículos sobre mercados de predicciones. En el primero, Matt Levine recoge un caso de manipulación de estos mercados en el que, al parecer, se utilizó un secador de pelo para alterar un sensor de temperatura en París. Si el beneficio de la apuesta supera el coste de la manipulación —cosa no habitual en los mercados financieros—- existen incentivos para desnaturalizar la razón de ser de estos mercados, el de agregar información. El segundo, de Asterisk, discute la utilidad de los mercados de predicción, explorando la brecha entre su promesa teórica y su realidad actual. Son precisamente los mercados más triviales —apuestas deportivas, principalmente— los que acumulan la mayor liquidez, mientras que los que podrían tener una mayor utilidad social, languidecen. El autor añade que, dado que la IA está superando a los expertos en términos de la precisión de las predicciones, esta tecnología podría acabar siendo más eficiente que los mercados de predicciones —que serían meros intermediarios— para agregar información.

Otros dos sobre ensayos clínicos, su (falta de) eficiencia y propuestas de mejora. El primero, este, hace hincapié en la excesiva aversión al riesgo de la industria farmacéutica. El segundo, este, explora un problema poco conocido: que los nuevos usos de fórmulas existentes no pueden patentarse. Como consecuencia, existe poca investigación en un área con un enorme potencial económico.

La opacidad de los precios de los tratamientos médicos es un problema que se discute a menudo. A algunos les parece fácil de resolver, pero la realidad, cuando se examina desde la «trinchera», es mucho más compleja. Acaba lamentando que la sanidad no es un mercado normal y que hay que dejar de pretender que lo es.

El Reino Unido desaprendió la tecnología nuclear. Las causas, en gran medida, regulatorias.

Los autobuses urbanos se inventaron dos veces. La primera vez, por Blaise Pascal; pero su proyecto fracasó y quedó olvidado. La segunda y definitiva, y también en Francia, siglo y medio después, a principios del XIX.

Los costes de construcción rara vez bajan; de hecho, tienden a subir igual o más que la inflación. Por extraños motivos, no se aprecia un incremento de la productividad a largo plazo, a pesar de que, objetivamente, un obrero de hoy puede hacer el trabajo de varios de hace años. Las causas podrían residir en la regulación y el incremento de la calidad.

Los europeos occidentales trabajamos menos horas que los estadounidenses y el motivo podrían ser los impuestos. Si estos son altos, es racional dedicar más tiempo a la producción doméstica como alternativa a la adquisición de productos y servicios en el mercado.

Un motivo por el que EEUU integra mejor a los inmigrantes que la UE es que permite su acceso inmediato al mercado laboral. En España, el derecho a trabajar es prácticamente el último que se les concede.

Alex Tabarrok denuncia cierta interpretación del déficit comercial nacional. Sostiene que las cuentas nacionales agregan millones de transacciones voluntarias y mutuamente beneficiosas entre individuos y empresas y las interpreta como relaciones entre países.

Maggie Appleton explica en qué consiste un «jardín digital»: un espacio de publicación en línea que prioriza la organización temática y el crecimiento continuo (algo así como hacer públicas las notas de Obsidian) sobre la cronológica de los blogs tradicionales.