Le he pedido a un LLM un resumen de qué fue aquello de la «desamortización» que aprendimos en el colegio y me ha dicho (aunque lo he editado bastante) lo siguiente:
La desamortización española de los años 1830 fue uno de los procesos de transformación económica y social más profundos del siglo XIX.
Desde la Edad Media, enormes extensiones de tierra y propiedades estaban en manos de instituciones que no podían venderlas ni dividirlas: la Iglesia, las órdenes religiosas, los municipios y la nobleza vinculada a mayorazgos. Estas tierras se denominaban «manos muertas» porque quedaban fuera del mercado y no podían circular. Desamortizar significaba sacarlas de ese estado de inmovilidad jurídica y ponerlas en el mercado libre.
Por otro lado, a raíz de las recientes elecciones en Aragón, salió publicada en prensa una serie de artículos (véase, por ejemplo, 900 euros por 50 metros cuadrados: las zonas vip del Pirineo se acercan al ‘fenómeno Baleares’ o El ‘boom’ de los Pirineos eleva la falta de vivienda a los 1.000 metros: “Comprar una casa aquí ahora mismo es imposible”) sobre la imposibilidad de acceder a la vivienda en el norte de la región.
Escribo todo esto porque conozco de primera mano el caso de un tipo de Zaragoza que se apuntó a un proceso de adjudicación de vivienda protegida en Aragón y le tocó una en el quinto pino, en Jaca. La posee, la utiliza (o más bien, la infrautiliza porque trabaja en Zaragoza y no tiene vínculo alguno con Jaca) y no puede ni alquilarla ni venderla a un precio razonable porque se lo impide una legislación que la condena a un «estado de inmovilidad jurídica».