Me he entretenido estos días, tal vez demasiado, en familiarizarme con el modelo de la teoría del conocimiento de John Vervaeke.

No es este lugar para una exposición extensa. Además, pondría al límite la capacidad de comprensión y síntesis del autor.

Pero sí que es relevante señalar una distinción clara que hace Vervaeke en su sistema entre inteligencia y sabiduría. En resumidas —y, probablemente, inexactas— cuentas, la inteligencia es eso que tan estupendamente hacen hoy en día los LLMs. Pero tanto por nuestra experiencia con ellos como por otras evidencias que no hará falta reiterar a quien haya tenido ocasión de tratar de cerca con sujetos de muy alta inteligencia, esta habilidad no está en la cúspide del entramado funcional que nos sirve para pensar.

Por encima de ella, existe una habilidad adicional: la sabiduría. La sabiduría es una guía para la inteligencia. Usando una metáfora muy de nuestro tiempo, la sabiduría sería un agente capaz de orquestar subagentes inteligentes para llevar a cabo tareas: decide cuáles usar, para qué usarlos, en qué momento y cuándo se puede decir que han completado efectivamente su trabajo.

No voy a decir mucho más ahora por dos motivos: porque no lo tengo totalmente claro —de momento, solo me parece una idea sugerente— y porque quien quiera profundizar, puede pasar un buen rato dialogando sobre el asunto con un LLM de esos que lo saben todo. Me limitaré a recomendar el vídeo de una de las conferencias de Vervaeke, «La ciencia cognitiva de la sabiduría».