Esta entrada recorre cuatro episodios. Los dos primeros son sobradamente conocidos; el tercero, parcialmente y solo el cuarto aporta realmente información nueva. Son los siguientes:

  1. Se postuló y mantuvo en cierto vigor durante un tiempo la tesis del «homo economicus», el sujeto racional de la teoría económica.
  2. Pero cuando la gente miró en su derredor, advirtió que no estaba en absoluto rodeado de seres racionales, sino de otra cosa mucho menos sofisticada.
  3. No obstante, aún podría suponerse que la teoría económica rige en tanto que muchos de los actores que operan en ella no son personas físicas de carne y hueso sino personas jurídicas que actúan de una manera mucho más racional.
  4. Pero quien lea What Do Airlines Do? se dará cuenta de que —en particular, estas personitas jurídicas— están sometidas a restricciones computacionales análogas a las de sus contrapartes físicas y que operan mediante heurísticas en contextos de racionalidad acotada asimilables a los que estudia la sicología.

(Y eso que hablamos de empresas porque, ¿qué no decir de otros prominentes actores económicos, como ayuntamientos o estados?)