Esta entrada recorre cuatro episodios. Los dos primeros son sobradamente conocidos; el tercero, parcialmente y solo el cuarto aporta realmente información nueva. Son los siguientes:
- Se postuló y mantuvo en cierto vigor durante un tiempo la tesis del «homo economicus», el sujeto racional de la teoría económica.
- Pero cuando la gente miró en su derredor, advirtió que no estaba en absoluto rodeado de seres racionales, sino de otra cosa mucho menos sofisticada.
- No obstante, aún podría suponerse que la teoría económica rige en tanto que muchos de los actores que operan en ella no son personas físicas de carne y hueso sino personas jurídicas que actúan de una manera mucho más racional.
- Pero quien lea What Do Airlines Do? se dará cuenta de que —en particular, estas personitas jurídicas— están sometidas a restricciones computacionales análogas a las de sus contrapartes físicas y que operan mediante heurísticas en contextos de racionalidad acotada asimilables a los que estudia la sicología.
(Y eso que hablamos de empresas porque, ¿qué no decir de otros prominentes actores económicos, como ayuntamientos o estados?)