La intercambiabilidad es una propiedad de un conjunto —o sucesión— de elementos que aparece cuando las propiedades del conjunto no varían cuando se permutan algunos de ellos.

Aparece como concepto en la teoría de la probabilidad. En particular, en el teorema de de Finetti. El teorema aplica a sucesiones de variables aleatorias que no tienen por qué ser homogéneas —independientes, idénticamente distribuidas—. Basta con que sean intercambiables, es decir, que su distribución no dependa del orden en que seleccionamos sus elementos.

La idea de intercambiabilidad también aparece en la teoría de Gustavo Bueno sobre la causalidad; en particular, como criterio para establecer cortes causales. Su ejemplo canónico es el de un pozo con agua, una palanca que activa una bomba y un brazo que mueve la palanca. Todo lo que tiene que ver con el brazo —su fuerza concreta, si está cansado, etc.— es causalmente irrelevante. La fuerza del brazo podría sustituirse por otra fuente de potencia —un motor, otro brazo, un contrapeso— sin que cambiase el efecto: sale agua.

Pero también encuentra su utilidad en el terreno de la epistemología: podemos discutir un caso y trasladar lo aprendido a una categoría entera si sus miembros son intercambiables; es decir, si lo que se predica de uno puede aplicarse a cualquier otro, mutatis mutandis. Estos son los términos en los que debe entenderse, por ejemplo, el razonamiento que hace Joseph Lawler cuando describe hasta la saciedad un 7-Eleven en Williamsburg, Virginia. Realmente, está apuntando a un problema estructural del mercado de la propiedad inmobiliaria que afecta al urbanismo en todos los EEUU. Su argumento funciona precisamente porque todo el mundo asume implícitamente la intercambiabilidad.

Nota final

Esta entrada está dedicada a una persona muy querida con la que tuve una discusión en términos no demasiado amables hace un tiempo. El argumento abstracto —al nivel de la categoría— le parecía etéreo e hipotético. El aterrizado en un caso concreto, lejano y anecdótico. La culpa, lo asumo, fue mía por no haber fundamentado debidamente la garantía de intercambiabilidad desde un primer momento.