No sé cómo me dio por leer The Myth of the Sole Inventor, un artículo jurídico de 2012, que viene a sostener:

  1. Que existe una narrativa del inventor como genio individual.
  2. Que el entramado jurídico alrededor de la idea de las patentes está conceptualmente anclado en esa concepción y diseñado para retribuir a tal tipo de inventor (y, de paso, fomentar su multiplicación).
  3. Pero que la narrativa es falsa.
  4. Ergo…

Sobre el tercer punto, el autor viene a decir que el desarrollo científico y tecnológico es social e incremental y que para demostrarlo, resultaría suficiente examinar la prevalencia de los «descubrimientos simultáneos», es decir, aquellas invenciones que se hicieron casi a la vez y de manera independiente por personas o grupos de personas distintos. Así, alude a los ejemplos más o menos conocidos de la bombilla eléctrica, el teléfono, el avión, el barco de vapor, el telégrafo, la desmotadora de algodón, el automóvil, la radio, la televisión, los ordenadores, el láser, los circuitos integrados, el motor a reacción y la estructura del ADN. A ellos contrapone casos también conocidos de invenciones aisladas, como la fotocopiadora, la penicilina, el «post-it», el caucho vulcanizado, el marcapasos, la película fotográfica, la dinamita, el fonógrafo, los rayos X, el teflón, el velcro y Java (el lenguaje de programación).

Pero estamos más o menos de acuerdo en que citar anécdotas no demuestra nada. Afortunadamente, Matt Clancy se ha tomado la molestia de recopilar y resumir lo publicado respecto a análisis cuantitativos sobre el asunto en How common is independent discovery? y parece que casa mejor con la realidad del mundo lo siguiente:

Elige un descubrimiento o una innovación al azar, y creo que la probabilidad de simultaneidad es baja. Me parece bastante plausible que si borrases de la historia alguno de entre la inmensa mayoría de los artículos o patentes, nadie lo reproduciría de forma independiente durante las dos décadas siguientes.

Pero eso es para un descubrimiento elegido al azar. Si eliges una patente o un artículo al azar, lo más probable es que no sea especialmente influyente. En la innovación, un pequeño número de éxitos parece tener un impacto desproporcionado en la dirección de una disciplina o industria. Parece plausible que las ideas más prometedoras atraigan a muchos más potenciales descubridores que un artículo elegido al azar. Si la probabilidad anual de que te “adelanten” con un artículo importante es del 10% en lugar del 2–3%, eso implica algo muy distinto sobre la redundancia a largo plazo. Con una probabilidad anual del 10% de que alguien haga el descubrimiento, la probabilidad de que nadie lo haga en veinte años cae de más del 50% a solo un 12%.

[…]

En resumen: si podemos ver que una idea va a ser importante, probablemente haya una buena probabilidad de descubrimientos independientes múltiples, lo que introduce cierta redundancia. Pero en todos los demás casos, no hay garantías.

Ergo…