El Clark Center, vinculado a la U. de Chicago, publica periódicamente los resultados de encuestas ad hoc que realiza entre economistas de primer orden. Las sigo por dos motivos: el primero, porque sus resultados muestran algo así como el «consenso de los economistas» sobre determinadas materias. El segundo, porque algunos emiten votos particulares y de los más extravagantes, a veces, se sacan ideas valiosas.

Hace poco ha prestado atención al debate EEUU vs Europa en términos de la evolución de los ingresos y el nivel de vida a lo largo de las últimas décadas.

Sobre lo que tengo que decir varias cosas.

En primer lugar, que para tratarse de una pregunta de corte técnico presentada a un panel de científicos sociales, llama enormemente la atención el grado de disenso. Para los gustos están los colores, pero para preguntas del tipo

Durante los últimos 25 años, ¿ha decrecido el ingreso medio de los ciudadanos europeos en comparación con el de los estadounidenses?

no deberían estarlo.

En segundo lugar, que esta pregunta no ha salido de la nada. Está motivada en última instancia por una controversia reciente acerca del mismo asunto en la que las figuras más prominentes de uno y otro bando son Luis Garicano y Paul Krugman. Sus posturas, explicadas rápidamente, son las siguientes:

  • Garicano es partidario de una serie de reformas económicas en la UE (las del Informe Draghi y alguna otra). Pero nadie va a mover un dedo sin un motivo poderoso (primera ley de Newton). Este no sería otro que la evidencia de la pérdida (sea absoluta o relativa con respecto a los EEUU) de capacidad económica para los ciudadanos de la UE.
  • Krugman es partidario de una serie de reformas sociales en EEUU (seguridad social, sistema de salud, etc.) y le parecen bien algunas políticas europeas al respecto. Pero nadie va a mover un dedo en EEUU si lo que pretende es trasladar a los EEUU las políticas de un continente económicamente fallido. Así que su argumento es que el presunto declive económico de la UE es un mero espejismo estadístico.

¡Qué sabrá el pobre autor de estas líneas sobre esas sesudas cuestiones!

No obstante, la cuestión que más en evidencia pone esta discusión es la siguiente: se nos habla del PIB y de su importancia en tanto que refleja (o se correlaciona fuertemente) con todo tipo de indicadores relativos, entre otros, al bienestar. Esa es, en el fondo, la justificación última del esfuerzo que se hace por medirlo fidedignamente. Al menos, una sociedad más rica cuenta con más recursos materiales para solucionar los problemas que considere oportunos.

En fin, que archivaremos este episodio para cuando alguien nos suelte el discursito sobre la omnipotencia del concepto de PIB.