Existe un espectro que va desde el extremo

Las selecciones nacionales (de fútbol) son los equipos de jugadores profesionales «mercenarizados» motivados por sus intereses personales —y fundamentalmente pecuniarios— que organizan ciertas entidades semipúblicas (las federaciones nacionales) al servicio —también económico— de sus dirigentes.

hasta el

Las selecciones nacionales (de fútbol) representan a la «Nación» o la «Patria» (en la acepción más 1789 del término), encarnan sus sagrados valores y juegan con honor y valor hasta vencer o morir.

Digamos que el primero es el 0 y el segundo, el 100. Todas las selecciones nacionales están en un punto intermedio. Llamemos $i(t, j)$ al valor de dicho indicador en el momento $t$ para la selección $j$.

Puede observarse (y no lo he inventado yo) que:

  • Para todas las selecciones nacionales $j$, el valor de $i(t, j)$ ha decrecido a lo largo del tiempo $t$.
  • Las selecciones nacionales representan lo que el enlace anterior denomina un simulacro patrio para que su indicador $i(t, j)$ parezca más elevado de lo que es en realidad.

Uno puede pensar que $i(t, j)$ es irrelevante y que, al final, el fútbol es fútbol. Pero el hecho de que se recurra al simulacro da a entender que para muchos, el extremo $i = 100$ del espectro es preferible al $i = 0$. Aunque solo sea por vender camisetas y publicidad más eficazmente.

Existe un problema adicional: los conceptos de patria y nación están correlacionados con muchos otros. Francia, por ejemplo, con el consumo de «baguettes». La apelación a la patria arrastra, sin embargo, a todos los demás conceptos correlacionados, incluidos los incómodos. A estas alturas de la historia, nadie se sorprende de que un camarero en Francia se parezca poco a los franceses de los que hemos aprendido por los libros de historia, pero exige cierto esfuerzo intelectual desenmarañar la madeja de correlaciones tejidas durante años alrededor del concepto de Francia para dar por bueno que los «blues» de hoy no se parecen en nada a los del «pueblo» que pintaba Delacroix.

Dicho lo cual, y habida cuenta del inminente partido de fútbol que enfrentará a las selecciones nacionales de España y Argentina el próximo domingo, no puedo dejar de manifestar:

  • Que es obvio cómo $i(2026, \text{Argentina}) \gg i(2026, \text{España})$.
  • Que también $i(1982, \text{España}) \gg i(2026, \text{España})$.
  • Que uno le debe tanto a su tiempo como a su sitio; y que se puede añorar tanto los tiempos que ya pasaron como el sitio del que se fue.
  • Y que, como consecuencia de lo anterior, declaro mi preferencia por la victoria de la selección argentina.