Buenas intenciones, malos resultados
Buena parte del debate público evalúa las políticas por sus intenciones declaradas en lugar de por sus resultados efectivos. Una política puede estar bien motivada —proteger al inquilino, al trabajador, al medio ambiente, al idioma— y aun así dañar precisamente a quienes pretende proteger. Juzgarla por sus motivos en vez de por sus efectos es la trampa que el «concepto BIMR» —acrónimo del título de la entrada— denuncia. El patrón BIMR emerge como consecuencia de mecanismos bien conocidos y estudiados: ignorar los efectos dinámicos (la oferta se retrae, la actividad se desplaza), concentrar beneficios visibles y dispersar costes invisibles, capturar la regulación en favor del incumbente o moralizar conductas (reciclar, comprar local) en vez de medir costes y beneficios. ...