Races to the bottom

[No sé cómo traducir “race to the bottom” al español. Así que usaré las sigla RtB en lo que sigue.]

En nuestras sociedades operan mecanismos que tienden de forma natural al equilibrio. Por ejemplo, los mercados competitivos; nadie de quienes opera en ellos, ni individual ni colectivamente (y salvo que se desvirtúe la naturaleza competitiva del mercado) puede alterar su funcionamiento sea racionando la producción, alterando los precios o acaparando producto. Oferta y demanda se encuentran en todo momento en un punto de equilibrio dinámico.

Son como una botella colocada derecha sobre una mesa: está en equilibrio (estable, según la nomenclatura de los físicos) y cualquier pequeño empujón la desequilibra momentáneamente, pero regresa enseguida a su posición original.

Pero también hay otros mecanismos susceptibles de RtB. Una RtB ocurre cuando el comportamiento racional de los agentes les lleva a tomar decisiones tales que, si todos las realizan simultáneamente, el resultado global final es peor que si todos se hubiesen decantado por una solución local subóptima. El caso clásico: si un banco está en problemas, lo más racional para cada cliente es retirar su dinero enseguida; pero si todos lo hacen, el banco quebrará con seguridad y muchos perderán todo su dinero.

El anterior es el caso más famoso, pero está lejos de ser el único. Lo relevante para la discusión que sigue es que existe una organización, el estado, al que consideramos encomendado, no sin cierta razón, a evitar o mitigar el efecto de las posibles RtB que se generen en el seno de la sociedad. Este es, de hecho, uno de los argumentos más poderosos y convincentes con los que defender la existencia de un estado, si no fuerte, al menos, capaz.

Sin embargo, desafortunadamente, el hecho de que contemos con ese guardián no cierra el debate acerca de los RtB. Simplemente lo eleva a un nivel superior. Ahora el riesgo ya no es que los ciudadanos o las empresas entren en una particular RtB, sino que lo hagan los estados, con el problema añadido que plantea su tamaño. Son ejemplos manifiestos de RtB entre estados las carreras armamentísticas, cuando no, directamente, las guerras o determinados tipos de políticas predatorias en los terrenos comercial, fiscal, monetario y medioambiental, por citar algunos de los más importantes. Pero también lo son determinadas espirales de gasto, la emisión de deuda, las políticas (frecuentemente, de manera indirecta) restrictivas de la inversión y la innovación, etc.

De alguna manera, los estados capaces de los que nos hemos dotado han resuelto de alguna manera las RtB que podrían suceder en el seno de nuestras sociedades, pero no parece preocuparnos lo suficiente aquellas que podrían desencadenarse y, de hecho, suceden, en ese plano macroscópico que son los estados, tanto intra como inter.