Platón gana todas las guerras, pero Protágoras todas las batallas

Esta entrada tercia en el conflicto de posturas entre Sokal y Latour que el primero, junto con su coautor, describe en Fashionable Nonsense: Postmodern Intellectuals’ Abuse of Science. En realidad, se enzarzan en dos capítulos distintos del libro, aunque para los efectos de esta entrada, el conflicto relevante es el que se describe en el capítulo dedicado a la sociología de la ciencia. Voy a comenzar con una breve semblanza de los dos protagonistas.

Sokal es un físico conocido sobre todo por el llamado escándalo Sokal. Lo que sucedió, esencialmente, es que Sokal envió un falso artículo a una revista de estudios culturales posmodernos sosteniendo un desafuero —que la teoría de la gravitación cuántica es una mera construcción social y lingüística— y consiguiendo que fuese publicado. Pero eso no es lo más importante. Lo más importante es que Sokal tiene una postura muy común entre la gente dedicada a la ciencia según la cual existe una realidad objetiva ahí afuera y que la ciencia la describe en términos exactos e incuestionables.

Leí Cosmos, de Carl Sagan, hace muchos años y tal vez mis recuerdos sean inexactos; de hecho, para lo que sigue, es más relevante la impresión que sigo teniendo de él tal vez 20 años después de leído que lo que quiera que cuente realmente. Aquel libro era una recopilación ordenada de hechos incuestionables sobre el sistema solar, los planetas, etc. El libro es una especie de mapa de lo que sabemos. La idea de Sokal y muchos otros científicos que conozco es que la ciencia es un proceso consiste esencialmente en extender ese libro añadiéndole nuevos capítulos y nuevos detalles.

Latour es muchas cosas y, entre ellas, antropólogo. Antaño, los antropólogos hacían trabajo de campo estudiando tribus perdidas; hogaño, usando las mismas técnicas y herramientas, igual estudian a los sujetos que operan en una fábrica en el tercer mundo que a los científicos y técnicos que trabajan en los laboratorios de un instituto de investigación. Que fue lo que hizo Latour durante un tiempo, estudiando cómo a través de operaciones realizadas por humanos, los resultados de los experimentos eran anotados —y, algunos, descartados—, pasaban a recopilarse en tablas y gráficos, eran enviados para ser discutidos por otros equipos y estos, finalmente, tras un proceso de discusión y deliberación, publicaban hechos científicos.

Pero en ese proceso, ya no era solo la naturaleza la que hablaba, sino también una serie de sujetos que aportaban concepciones previas, preferencias y animadversiones de todo tipo, etc. y que era la combinación de todos esos factores los que contribuían a la formulación final escrita del proceso completo.

De ahí el conflicto, en el que ambas posturas tienen su grano de razón.

¿Cómo superar la aporía?

Supongo que estará escrito en algún lado. Si algo sabe el autor, es que no se llama Adán. Pero se atreve a plantear un esquema en el que encajar y compatibilizar ambas posturas basado en los conceptos de sincronía y diacronía. Latour está claramente argumentando desde la sincronía, desde el matraz en el que bullen las opiniones, las preconcepciones y las ideologías. En el momento sincrónico se oyen voces en las que reconocemos a quienes las articulan. Es un momento, además, en el que el objeto es inseparable del sujeto —A sostiene X—; donde, incluso, el sujeto es el objeto —si A se pronuncia, ya sabemos que va a decir X—.

Sokal tiene una perspetiva diacrónica, en el que ya se han producido las convenientes decantaciones y se pueden cancelar los sujetos de las oraciones: ya no importa que A sostuviese X, solo queda ya X. Sokal se refiere a lo que merece ser sabido, pero no nos enseña a fabricar nuevo conocimiento.

Cuando Sokal llega, ya todo da igual.