En pro de la cantonalización de los partidos políticos

Esta es una entrada en pro de la cantonalización de los partidos políticos españoles, i.e., de la fragmentación regional de los grandes partidos. Cantonalización tiene connotaciones negativas en España y seguro que suscita un distanciamiento con respecto a la tesis defendida aquí en muchos. No es interés del autor tratar de, dirían algunos, cohonestar el término o apuntar algunos de sus defectos —previstos o no por el autor— sino plasmar una propuesta de cantonalización de los partidos políticos como solución —siempre parcial, como es de necesidad en el ámbito político— a algunos de los problemas concretos que plantea el actual estado de las cosas.

Fundamentos positivos y empíricos de la cuestión

En el sistema electoral español, los diputados se eligen por provincias. Cada una de ellas elige un número determinado de diputados según su población. Se trata de un sistema intermedio entre el de circunscripción única (utilizado en las elecciones europeas) y el uninominal (casi por antonomasia, el británico).

Aun a riesgo de incurrir en la falacia ecológica, se puede sostener que provincias distintas poseen sensibilidades políticas diferentes: unas se inclinan más a la izquierda, otras a la derecha, en algunas tiene gran importancia la llamada cuestión territorial, etc. Eso es difícilmente cuestionable.

Pero también podría argumentarse que provincias distintas tienen sensibilidades distintas no solo a través del eje izquierda/derecha (u otros) sino también dentro de él. En la derecha, por ejemplo, conviven diversas corrientes (p.e., tradicionalistas, liberales, conservadores, regionalistas, etc.) que ponderan de manera desigual dentro de cada circunscripción. Lo mismo sucede en la izquierda.

El teorema del votante mediano en acción

La naturaleza de los líderes nacionales naturales de los partidos políticos mayoritarios —esencialmente, PP y PSOE— se explica muy bien como aplicación del teorema del votante mediano dentro de su tramo del arco ideológico. Su discurso institucional es una media ponderada de las distintas corrientes subyacentes a su partido —aquí viene lo importante— a nivel nacional. Nada como el debate sobre la conveniencia de elegir como líder del PP a Feijóo vs Ayuso ilustra mejor la reflexión anterior.

El teorema del votante mediano aplicado a los partidos grandes tiene dos efectos perniciosos:

  • Expulsa de la política a las voces interesantes, a quienes tienen algo original y distinto que decir.
  • Esconde el debate y la confrontación de ideas en los despachos de los partidos, de donde solo salen argumentarios grises que solo pueden ser sostenidos en público por sujetos igualmente grises.

Parte del desapego de amplias capas de la población con los políticos tiene que ver —esta es la hipótesis de trabajo del autor, imperfectamente corroborada por su experiencia personal— con esas dos consecuencias de la actual configuración del tablero político.

La propuesta de cantonalización de los partidos políticos mayoritarios

Una fragmentación cantonalista de los grandes partidos no resolvería totalmente los dos problemas anteriores: el teorema del votante mediano aplica en todas las escalas. Pero,sin duda, contribuiría a mitigarlos. Veríamos en provincias distintas modos distintos del mismo segmento ideológico y veríamos en el parlamento sujetos más interesantes contrastando ideas más sinceras y menos previsibles. Veríamos un debate más rico en el parlamento. Veríamos alianzas de geometría variable de acuerdo con la naturaleza de las propuestas que se debatiesen. El autor cree que sería un cambio netamente positivo.

Entonces, ¿por qué no existe en lugar de no existir? En primer lugar, es innegable que los grandes partidos ejercen una notoria fuerza centrípeta. Salvo en el caso de los partidos nacionalistas, ninguna opción política ha sabido sobrevivir. En parte, también hay que decirlo, porque han tenido aspiraciones nacionales y no cantonales, i.e., tratar de hacerse fuertes en algunas circunscripciones concretas. Ciudadanos fue durante un tiempo la excepción, aunque podría argumentarse que en su salto a la política nacional estuvo el germen de su posterior colapso.

Pero existe un ejemplo vivo: Más Madrid, el partido escindido de Podemos que es fuerte, muy fuerte, en Madrid pero con un apoyo testimonial fuera de dicha provincia. Su discurso apela fundamentalmente —cuentan— al urbanita de izquierdas, un estrato social denso en la capital pero más difícil de encontrar en provincias. Los nuevos partidos de la llamada España vacía, de arraigar, podrían también contribuir a ilustrar con su mera existencia la potencia de la tesis aquí discutida. Podrían ser los gérmenes de una nueva política y de una nueva manera de hacer la política que, de abrirse paso generalizadamente, sería bienvenida por el autor.