Sostener que "la ciencia respalda la energía nuclear" implica indirectamente que la economía no es una ciencia

Se expande por ahí la particular especie de que la ciencia —¿con mayúscula tal vez?— respalda el uso de la energía nuclear. Lo cual es solo parcial e interesadamente cierto.

Trolley problem

Las ciencias duras, por supuesto, no pueden dejar de indicar que la energía nuclear, tal cual se operacionaliza hoy, es segura, etc. (Aunque no se puede olvidar que el grado de seguridad bajo el que debiera operar una instalación nuclear no es una categoría que pertenezca y se pueda resolver en el seno de una ciencia dura: exige un análisis que la sobrepasa.)

Pero las ciencias duras también pueden declarar seguras y factibles muchas otras tecnologías que no usamos por multitud de motivos: dirigibles, autogiros, biocombustibles generados a partir de biomasa lignocelulósica y, en general, el 99.9% de las ocurrencias que pueblan las publicaciones de las revistas de divulgación cientificotécnica.

Pero el uso de la energía nuclear —tal cual se plantea actualmente— viola los cálculos económicos más básicos (véase, por ejemplo, esto).

El problema de la energía nuclear es que es incapaz de producir el tipo de energía que hoy en día es más necesaria —a contracorriente de las fluctuaciones incontrolables de las fuentes renovables— y que lo haga, además, a un precio competitivo. Es probable que los defensores más acérrimos de la energía nuclear desconozcan el significado de CAPEX o TIR o puedan descontar un flujo de caja.

Termino con un ejercicio enteramente potestativo para el lector:

  1. Obténgase una copia electrónica del libro pro-nuclear más famoso que circula actualmente.
  2. Búsquese en él las (muy escasas ocurrencias de las palabras) dólar, euro o coste.
  3. Léanse las líneas que las rodean.

[Nota final: la imagen que adorna esta entrada es la interpretación de DALL·E de un neutrón impactando a alta velocidad una hipotética partícula con forma de símbolo del dólar dorado.]