La parábola de la ventana no rota

La parábola de la ventana rota fue formulada por Bastiat en 1850. La Wikipedia (aquí) la resume así:

Bastiat pone el ejemplo de un niño que rompe el cristal de un comercio. Al principio, todo el mundo simpatiza con el comerciante, pero pronto empiezan a sugerir que el cristal roto beneficia al cristalero, que comprará pan con ese beneficio, beneficiando al panadero, quien comprará zapatos, beneficiando al zapatero, etc. Finalmente la gente llega a la conclusión de que el niño no es culpable de vandalismo, sino que ha hecho un favor a la sociedad, creando beneficio para toda la industria.

Sobre el estudio "Diversidad y libertad: Reducir la segregación escolar respetando la capacidad de elección de centro"

En esta entrada voy a aportar unos comentarios personalísimos al el estudio Diversidad y libertad: Reducir la segregación escolar respetando la capacidad de elección de centro recientemente publicado por EsadeEcPol. Por personalísimos quiero dar a entender que como pater familias y con un vástago en edad preescolar, el tema me afecta directamente; como también lo hace indirectamente como miembro más o menos circunstancial de la sociedad a la que se dirige el estudio.

¿Debería elaborarse un "barómetro à la CIS" entre los "artistas contemporáneos"?

La entrada de hoy versa sobre el siguiente vídeo:

En él, la autora, Paloma Hernández sigue varias líneas argumentales más o menos entremezcladas, de entre las que rescato la siguiente:

  1. El mundo del arte contemporáneo en España está dominado por ciertas ideologías. En particular, la autora da a entender que entre los artistas contemporáneos que exhiben sus obras en los circuitos habituales en España existe un consenso básico en cuestiones que en la población general son problemáticas: el aborto, los toros, el feminismo, la inmigración, el neoliberalismo, la derecha, la izquierda, etc. Por abreviar, la autora la identifica con posturas de izquierda.
  2. Que eso es así porque las las instituciones que gestionan los fondos de promoción del arte contemporáneo, las que dan acceso a becas, exhibiciones, estancias, etc., están controladas por una estrecha élite que participa de esas ideologías singulares y que las promueven activamente desde sus posiciones de poder. Lo hacen, además, bloqueando el acceso a esos recursos a artistas que no son de su cuerda ideológica.
  3. Que detrás del fenómeno anterior se encuentra la pervivencia del krausismo en España, enquistado en determinados puestos —menciona explícitamente ciertas cátedras de estética— y quienes los ostentan.

Estos argumentos se mezclan, como digo, con otros sobre los que me es mucho más difícil pronunciarme y que no sé siquiera si podré transcribir fiel a la intención de la autora. A saber:

Vacunas y el dilema del tranvía

Me autocito (de aquí) a modo de introducción:

Es decir, todos tenemos intuiciones sobre qué comportamientos son correctos y la ética busca modelos que, aplicados mecánicamente a situaciones X, proporcionen respuestas morales Y compatibles con dichas intuiciones. Si uno de tales modelos es satisfactorio (p.e., el kantiano no hagas a los demás lo que no querrías que te hiciesen a ti) en un número suficiente de casos, puede proponerse como ley general con la pretensión de extenderla o extrapolarla a todos. El estudio de los edge cases, los contraejemplos, como el famoso dilema del tranvía operan como piedra de toque popperiana para validar la universalidad de los principios.

O tempora, o mores

Es frecuente oír decir —en toda la gama de grados, admite el autor— que los malos hábitos y actitudes de la juventud son indicio del ineludible colapso de nuestra civilización.

Una original contraargumentación erudita consiste en la observación de que afirmaciones análogas se han registrado casi desde que el hombre es hombre y sabe dejar por escrito constancia de sus pensamientos: de los antiguos Egipto, Babilonia, Grecia o Roma, quedan fragmentos en que se leen lamentos de esa índole. El lector intereado encontrará en The Generation Gap In Antiquity una lista que, necesariamente, no puede ser exhaustiva.

Kill zones y administraciones públicas

El térmimo kill zone se ha popularizado para describir un fenómeno bastante reciente. Se trata de un vacío de ideas de negocio y de inversiones en un área de la economía que, a pesar de haber sido muy fértil y dinámica en tiempos, se está convirtiendo en un páramo: el desarrollo de productos y servicios muy próximos al área de actividad de los gigantes de internet (Google, Facebook, etc.). El problema es que estos actores, de detectar un modelo de negocio exitoso dntro de su radio de acción, pueden comprarlo por poco precio—en el mejor de los casos— o fusilarlo (i.e., copiarlo) —en el peor— impidiendo así su natural evolución.

Sobre la no supervivencia de Ciudadanos

Vaya por delante que el autor de estas líneas habría emigrado de buen grado a una dictadura cuyos principios rectores fuesen los del programa fundacional de Ciudadanos. Al menos, aquel que se fue desgranado tema a tema en una serie de actos realizados en 2014 (¿2015?) y que constituyeron además la presentación del partido en el ámbito nacional. El autor asistió en persona a uno de ellos, celebrado en el Teatro Goya de Madrid y que formaba parte del ciclo dedicado a las medidas económicas.

Democracia ergódica

Ergódico es un término que se predica de fenómenos en que cabe trasponer sus dimensiones espacial y temporal. Por ejemplo, si todos pasan el 0.5% de su vida con catarro, el 0.5% de la población estaría acatarrada en un momento dado de ser tal mal ergódico. Si lo fuesen las penas de encarcelamiento y el 0.1% de la población estuviese en prisión, uno podría esperar pasar casi una hora al año en el talego.

La huella cultural de las pandemias

El otro día recogía alguien en Twitter la siguiente pregunta:

¿Por qué la pandemia de hace un siglo no dejó huella en el pensamiento de la época?

Se refiere, obviamente, a la gripe española de 1918 y de la que hasta hace muy poco apenas teníamos noticia: no está en el cine, no está en la literatura,… no está.

Es curioso que la gente, tal vez por la manera concreta en que está formulada la pregunta, sugirió respuestas ancladas al contexto preciso de esa pandemia: sucedió a la vez que se desarrollaban unos eventos tan graves que… etc.

¿Ha cambiado el humor?

I am convinced that a majority of the learned philosophers who have written treatises on laughter and the comic never saw a baby. —Max Eastman

Tiene Esteban Fernández en El Confidencial el artículo La política de los últimos años, explicada mediante los chistes de murcianos y gitanos. No voy a entrar tanto en el fondo del artículo como en una serie de consideraciones suscitadas por el siguiente extracto:

El humor era tolerado, y no merecía sanción penal, cuando la broma y el chiste, aunque fueran desagradables, no suscitaban duda en el receptor: estaban proferidos en tono humorístico y su intención era generar diversión. Hoy eso se ha perdido: el chiste se ha convertido en político a todos los efectos, y como tal es tomado: la presuposición es que se está pensando exactamente lo que se dice, y que no es más que un disfraz discursivo para expresar racismo, odio, intención de dañar.

Meritocracia: deberes vs intereses

El artículo al que me refiero es ¿La tiranía del mérito?, de Gregorio Luri, publicado recientemente en la sección muy oportunamente denominada elSubjetivo de TheObjective. La entradilla que alguien eligió para el artículo, un breve fragmento del mismo extraído de su parte final, dice lo siguiente:

Nadie es merecedor ni de su dotación genética ni de la familia que lo acoge. Precisamente por eso tenemos el deber inexcusable de la solidaridad.

Se trata de una entradilla desafortunada porque desdice de lo que viene luego, tanto en contenido como en espíritu. El artículo, de hecho, es un breve resumen con unas mínimas pinceladas críticas —es tan breve que no da para más— del libro La tiranía del mérito de M. J. Sandel. La frase que rescata la entradilla forma parte de una especie de silogismo incompleto e inconsistente, como una silla de dos patas, que dice así:

Sobre el cambio climático

Now, given that humans are competitive social animals, it would be surprising if we chose this one arena—national politics—to suddenly live up to our altruistic ideals. (The Elephant in the Brain)

En esta entrada voy a volcar una serie de reflexiones sobre el cambio climático. Vaya por delante, en todo caso, que:

  • Soy de los que dan por buena la evidencia científica acerca de ciertos cambios, casi seguro debidos a la acción del hombre, tales como el aumento global de las temperaturas.
  • Tengo cierta querencia por el principio de prudencia tanto en este como en muchas otras coyunturas en que es de aplicación.

No obstante, mis convicciones están sembradas de caveats de las que quiero dar cuenta aquí.

Tirar de una cadena rota

Las ideas importantes, para ser verdaderamente operativas, tienen que cristalizar en el lenguaje: tenemos que poder referirnos a ellas con un nombre inequívoco, con una expresión breve. Las perífrasis y los abundamientos llenos de palabras no sirven, no son tan eficaces.

Uno de los problemas más graves que nos aquejan es el de la habitual confusión entre correlación y causalidad. Lo típico, como es bien conocido, consiste en confundir la primera con la segunda. Sin embargo, la expresión correlación no implica causalidad es insuficiente: hace relación a un distingo abstracto. En particular, no nos informa sobre qué conviene hacer y, muy especialmente, no nos advierte de las consecuencias del error. Consecuencias que se ven por doquier en nuestras sociedades actuales, tan proclives a las intervenciones, y sobre las que es ocioso abundar.